Lo que nadie te cuenta cuando estás “entre trabajos”

Lo que nadie te cuenta cuando estás “entre trabajos”

Hay una expresión que suena casi inocente: estar entre trabajos.
Como si fuera un pasillo neutro, un tránsito breve, algo que no merece demasiada atención.
Pero lo que nadie te cuenta cuando estás “entre trabajos” es que ese espacio no es neutro. Es profundamente humano. Y, muchas veces, profundamente incómodo.

No es solo no tener un empleo.
Es no saber quién eres durante ese tiempo.

Lo que nadie te cuenta cuando estás “entre trabajos” es el ruido interno

Desde fuera, la pregunta suele ser sencilla:
—¿Y ahora qué vas a hacer?

Por dentro, la respuesta no lo es tanto.

Cuando estás entre trabajos, el ruido no viene solo de la falta de ingresos.
Viene de la mente, del miedo, de la comparación constante, de la sensación de estar quedándote atrás mientras el mundo sigue avanzando.

Lo que nadie te cuenta cuando estás “entre trabajos” es que puedes pasar el día entero “haciendo cosas” y aun así sentirte inmóvil.
Enviar currículums, revisar ofertas, rehacer el CV… y, al mismo tiempo, sentir que nada se mueve de verdad.

No es solo economía, es identidad

Una de las partes más duras de estar entre trabajos es que no sabes muy bien cómo presentarte.

Cuando alguien pregunta:
—¿A qué te dedicas?

Y tú respondes con un silencio, con una explicación larga, o con un “ahora mismo estoy…”, algo se remueve dentro.

Porque el trabajo, nos guste o no, ha sido durante mucho tiempo una forma de identidad.
Y cuando eso se suspende, aparece una pregunta más profunda:

¿Quién soy cuando no estoy produciendo?

Esto es algo que nadie te cuenta cuando estás “entre trabajos”.
Que no es solo una pausa laboral, sino una pausa existencial.

El tiempo se vuelve extraño

Cuando trabajas, el tiempo está estructurado.
Hay horarios, ritmos, fines de semana que saben a descanso.

Cuando estás entre trabajos, el tiempo se vuelve elástico.
Los días pueden hacerse eternos… o desaparecer sin darte cuenta.

Hay mañanas en las que te levantas con energía y otras en las que el cuerpo pesa más de la cuenta.
Y no siempre sabes por qué.

Lo que nadie te cuenta cuando estás “entre trabajos” es que aprender a habitar ese tiempo requiere mucha más presencia de la que parece.

La culpa silenciosa

Otra verdad poco dicha: la culpa.

Culpa por descansar.
Culpa por no estar haciendo “suficiente”.
Culpa por disfrutar de un café tranquilo mientras otros trabajan.

Aunque estés buscando activamente, aunque estés moviéndote, la culpa aparece como un susurro constante.
Como si necesitaras justificar tu existencia.

Y aquí conviene decirlo claro:
estar entre trabajos no te hace menos válida, menos capaz ni menos digna.

Pero eso no siempre se siente así.

Lo que nadie te cuenta cuando estás “entre trabajos” es la soledad

Aunque estés rodeada de gente, hay una soledad específica que aparece en esta etapa.
Una soledad difícil de explicar.

No siempre tienes con quién hablar de ello sin sentir que incomodas.
No todo el mundo sabe escuchar este tipo de proceso sin intentar arreglarlo, minimizarlo o compararlo.

A veces solo necesitas decir:

“No lo sé. No sé qué viene ahora.”

Y que eso sea suficiente.

También hay algo fértil (aunque cueste verlo)

Esto tampoco suele contarse:
estar entre trabajos puede ser un tiempo profundamente fértil.

No siempre cómodo.
No siempre luminoso.
Pero fértil.

Es un espacio donde salen preguntas que no habrían aparecido en la rutina.
Donde ciertas verdades, que antes quedaban tapadas por la inercia, empiezan a hablar.

Lo que nadie te cuenta cuando estás “entre trabajos” es que, aunque no lo parezca, algo se está recolocando por dentro.

No siempre para llevarte donde esperabas.
A veces para llevarte donde necesitas.

La tentación de forzar

Cuando la incertidumbre aprieta, aparece la urgencia.
Aceptar cualquier cosa.
Ir contra ti.
Forzar decisiones solo para calmar el miedo.

Y no, no siempre es posible esperar.
La realidad económica existe y pesa.

Pero también existe una sabiduría sutil que se activa cuando no corres.
Cuando, incluso en la dificultad, te escuchas.

Este equilibrio no es fácil.
Nadie te lo enseña.

Estar entre trabajos no es estar perdida

Aunque a veces se sienta así.

No es un vacío inútil.
No es un castigo.
No es un fallo personal.

Es un lugar de tránsito.
Y los tránsitos, aunque duelan, transforman.

Quizá no ahora.
Quizá no de la forma que imaginas.

Pero algo en ti está aprendiendo a sostenerse sin etiquetas.

Una verdad final

Si estás leyendo esto y estás “entre trabajos”, quiero que sepas algo:

No estás atrasada.
No estás fallando.
No estás rota.

Estás atravesando un territorio que casi nadie nombra, pero que muchas personas han habitado.

Y aunque hoy no veas el mapa,
sigues caminando.


Quédate solo
con lo que te recuerde quién eres.

— Adela
Pensamientos sin Manual

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