Cómo me acerco al Oráculo
No uso el oráculo para adivinar nada.
No le pido respuestas rápidas ni certezas absolutas.
Lo uso como quien se sienta a escuchar.
El oráculo no habla más alto que la vida.
Habla cuando una está dispuesta a oír.
A veces lo saco por la mañana, otras al final del día.
Y muchas veces, no lo saco.
Porque también he aprendido que el silencio es una respuesta.
Comparto aquí algunas formas sencillas de acercarte a él, no como instrucciones, sino como posibilidades. Elige solo las que te resuenen. Lo demás, déjalo pasar.
El rayo del día
Hay días en los que no necesito entender nada, solo orientarme.
Cierro los ojos y digo, muy bajito:
“Muéstrame la energía que me acompaña hoy.”
Saco una carta.
Ese rayo no viene a exigirme nada, solo a acompañarme.
A veces me fijo en su color.
Otras, llevo su frase conmigo como si fuera una semilla.
O simplemente observo cómo se manifiesta a lo largo del día, sin forzar.
Cuando tengo una pregunta (o una inquietud)
No siempre sé formular bien lo que me pasa.
Pero aun así, me permito preguntar.
No pregunto para obtener una respuesta inmediata,
sino para abrir un espacio.
Saco una carta, la leo…
y luego hago algo importante:
no la interpreto enseguida.
Dejo que el mensaje baje al cuerpo.
Que me acompañe unas horas, o incluso días.
El sentido llega cuando tiene que llegar.
Tres rayos para un momento de cruce
Hay situaciones que se sienten densas, repetidas, confusas.
Cuando algo así aparece, a veces saco tres cartas.
No para complicarme, sino para ordenar la mirada:
– una que muestre de dónde viene esto
– otra que hable del presente
– y una tercera que insinúe hacia dónde se abre el camino
No siempre entiendo todo.
Pero casi siempre algo se recoloca dentro.
Un gesto sencillo (cuando necesito sostén)
No hago grandes rituales.
Pero sí pequeños gestos conscientes.
A veces dejo una carta a la vista.
En la mesa. En el altar. En la mesilla.
La miro de vez en cuando,
como quien recuerda que no está sola en lo que atraviesa.
No se trata de hacer más,
sino de estar.
Cuando no sé qué preguntar
Hay momentos en los que no tengo palabras.
Y entonces solo digo:
“Muéstrame lo que necesito ver ahora.”
Y confío.
Aunque no lo entienda en el instante.
Aunque no encaje.
La vida suele encontrar la forma de explicarlo después.
El oráculo no viene a dirigir tu vida.
Viene a dialogar con ella.
No sustituye tu sentir.
Lo acompaña.
Y si un día no lo necesitas,
también está bien.
Eso, para mí,
ya es escuchar.
Quédate solo con lo que te recuerde quién eres.

0 comentarios